Hola amigos espero que tengan un excelente dia. Hoy vamos a comenzar a hablar un poco a cerca de ese gran don que tenemos muchas mujeres que es la dicha de ser madres y por ello quiero comenzar con una entrevista hecha a Laura Gutman, escritora argentina, donde nos relata su punto de vista a cerca de la lactancia salvaje, donde considera que esa cadena de sabiduría ancestral se rompió por la presión de la industria, la ceguera y errores científicos y médicos, la infravaloración social de la maternidad y todo lo que representa, y la desconexión y huida de las propias mujeres de su verdadera Naturaleza.
La lactancia es manifestación pura de nuestros aspectos más terrenales y salvajes que responden a la memoria filogenética de nuestra especie. Dar de mamar es despojarse de las mentiras que nos hemos contado toda la vida sobre quienes somos o quienes deberíamos ser. Es estar desprolijas, poderosas, hambrientas, como lobas, como leonas, como tigresas, como canguras, como gatas. Muy relacionadas con las mamiferas de otras especies en su total apego hacia la cría, descuidando al resto de la comunidad, pero milimétricamente atentas a las necesidades del recién nacido.
Esto es posible si se comprende que la psicología femenina incluye este profundo arraigo a la madre-tierra, que el ser una con la naturaleza es intrínseco al ser esencial de la mujer, y que si este aspecto no se pone de manifiesto, la lactancia simplemente no fluye. No somos tan diferentes a los ríos, a los volcanes, a los bosques. Sólo es necesario preservarlos de los ataques.
Contrariamente a lo que se supone, los bebés deberían ser cargados por sus madres todo el tiempo, incluso y sobre todo cuando duermen. Porque se alimentan también de calor, brazos, ternura, contacto corporal, olor, ritmo cardíaco, transpiración y perfume. La leche fluye si el cuerpo está permanentemente disponible. La lactancia no es un tema aparte. O estamos madre y bebé compenetrados, fusionados y entremezclados, o no lo estamos. Por eso, dar de mamar equivale a tener al bebé a upa, todo el tiempo que sea posible. No hay motivos para separar al bebé de nuestro cuerpo, salvo para cumplir con poquísimas necesidades personales. La lactancia es cuerpo, es silencio, es conexión con el submundo invisible, es fusión emocional, es entrega.
Es verdad que hay que volverse un poco loca para maternar. Esa locura nos habilita para entrar en contacto con los aspectos más genuinos, inabordables, despojados, salvajes, impresentables, sangrantes de nuestro ser femenino. Así las cosas, que nos acompañe quien quiera y quien sea capaz de no asustarse de la potencia animal que ruge desde nuestras entrañas.
Las madres actuales somos el eslabón perdido de la lactancia y nuestro fracaso con la leche materna es el gran fracaso de esta sociedad.
Una madre es capaz de dar todo sin recibir nada. De querer con todo su corazón sin esperar nada a cambio. Una madre sigue teniendo confianza en sus hijos cuando todos los demás la han perdido.
Una madre es capaz de dar todo sin recibir nada. De querer con todo su corazón sin esperar nada a cambio. Una madre sigue teniendo confianza en sus hijos cuando todos los demás la han perdido.

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